Las nubes brillaban anaranjadas,
Como llamas que se avivaron con el sol;
El cual moría devorado por el horizonte,
Con la luna como única testiga, sonriente.
El viento resopla inclemente,
El mar se azota contra las rocas;
Con una furia de muerte,
La luna resplandece hermosa y sonriente.
Pero nada satisface ese hueco,
Que solo tu belleza puede llenar,
Aquella que entra y sale de ti,
Muy pronto volverás lo sé, sonriente.
El mar se azota contra las rocas;
Con una furia de muerte,
La luna resplandece hermosa y sonriente.
Pero nada satisface ese hueco,
Que solo tu belleza puede llenar,
Aquella que entra y sale de ti,
Muy pronto volverás lo sé, sonriente.